21/12/09

Morgan Adams

Nombre: Mogan Adams
Nación: Vodacce
Sistema de Juego: 7º mar

"Morgan es una mujer que guarda grandes secretos, muy profundos, escondidos en lo más hondo de su maltratada alma. Su carácter es demasiado rudo para alguien con ese rostro tan hermoso, a primera vista parece una dama de la corte, pero sus formas la pierden. Contesta como si fuese un hombre y se comporta como si fuese un hombre. Si no fuese porque hemos compartido varios momentos juntos cualquiera pensaría que se junta con mujeres. Pero suele odiarlas. Suele ser demasiado territorial con ellas, no las soporta. Sobre todo a las mujeres de la corte que son demasiado delicadas.

Seguro que has oído hablar del capitán Perro Loco, el capitán de la Rosa de los Vientos. Él es su tío. Antes de hacerse a la mar y convertirse en el perro más vil del oceano era un noble de Vodacce. Asesinó a su hermano, el padre de Morgan, sin motivo aparente. Luego a su esposa, a sus hijos y también a Morgan. O eso es lo que él creía, ella sobrevivio al tiro. Tiene una cicatriz justo debajo del esternón, la bala le atravesó el cuerpo de lado a lado. Un milagro médico. Como fuese, Morgan fue a las autoridades con el nombre del asesino de su familia y condenaron a su tío a pasarse el resto de la vida remando para barcos mercantes. El resto ya lo sabes, ahora es capitán de barco y el pirata más peligroso que haya parido madre.

Ella no tuvo otra que huir. Cambiarse de nombre y todo eso. No sé muy bien porque siguió los pasos de su tío, convirtiéndose en pirata. Tampoco conozco su afición a la pólvora, las armas de fuego y los cañones navales. Los trata mejor que a algunas personas. Para las relaciones interpersonales es muy suya. A los hombres los trata a puñetazos, literalmente. Si alguno la mira más de la cuenta le suelta un gancho de izquierda que lo deja KO al instante. Y si se interesa por algún hombre, lo reta a una pelea de puñetazos. Si ella gana, pierde el interés enseguida. En el barco en el que estuve mandó al agua a más de la mitad de la tripulación. Pero yo le gané. Digamos que tengo un privilegiado puesto de honor a su lado. De momento, claro está. Es una mujer tremendamente exigente y temperamental. Y por eso sigo enamorado de ella."

- Sir Jonhattan Locksley, Segundo Artillero del Lucero del Alba

Ámber Darling

Nombre: Ámber Darling
Profesión: Enfermera
Sistema de Juego: Kult

Ámber nació hace 21 años en un hospital de Londres. Su madre por aquel entonces sólo contaba con 15 años y su padre un adolescente sin neuronas y adicto a las drogas. Decidió "donarla" anónimamente a la sociedad y cuando su madre dormía y Ámber lloraba, la dejó al lado de un contenedor de basuras. Un policía que pasaba por allí la encontró y la llevó a un hospital rápidamente, cómo no encontraron a los padres y estos no dieron muestras de aparecer, Ámber fue llevada a un orfanato y cuando cumplió dos años fue dada en adopción a la familia Darling, una familia de clase media-alta que tenía ya tres hijos mayores: Brian Jr, Andrew y Michael. La madre, Letizia, había tenido complicaciones durante el parto del pequeño Michael y ya no podía tener más hijos. El anhelo de su esposo Brian era tener una niña, por lo que tras una larga charla, se decidieron a adoptar. Cuando Brian y Letizia la vieron corretear entre los demás niños se enamoraron de ella. Los trámites no duraron mucho tiempo y en un par de meses, pasó a ser Ámber Darling, la hija menor de la familia.

Ámber estudió en buenos colegios, rodeada de amor, pero creció tímida y delicada. Sus hermanos eran 8, 6 y 4 años más mayores que ella, respectivamente. Brian Jr. terminó una brillante carrera de Economía y se fue a ver mundo más allá de Londres, a Estados Unidos, dónde comenzó a trabajar en un banco y ya solo iba a casa para celebrar las eventuales reuniones familiares. Andrew se convirtió en político y acabó siendo ministro, mientras que los dos pequeños se tomaron la vida de otra manera. Michael, Mike, no era un muchacho especialmente brillante para los estudios, pero creció bien alimentado y pronto destacó en algunos deportes. Aunque en un primer momento su padre pensó que sería una estrella del rugby, acabó decantándose por el boxeo, empezando a participar en torneos y destacando rápidamente. Aunque lo consideraban un deporte violento, el chico se divertía y además, ganaba sin demasiados problemas a sus contrincantes. Ámber fue una adolescente normal, bonita, pero muy cortada, las reuniones sociales la ponían nerviosa y hasta pasados los 14 años no se decidió a empezar a tratar con chicas de su edad y cotillear acerca de los chicos y otros temas.

Su familia era cariñosa, sus hermanos mayores la querían, pero su relación con Mike era especial, ya que los dos eran algo tímidos y se sentían algo raros dentro de la gran familia de celebridades. En varias ocasiones los padres solían ir alguna que otra semana a reuniones de trabajo, y los hermanos ya vivían fuera. Mike tenía ya 20 años y Ámber 16, por lo que Mike era el encargado de cuidar de la hermana pequeña durante la ausencia de los padres. Solían cenar cómida rápida y nada sana, ver películas y estudiar Ámber o entrenar él. Esas pequeñas reuniones familiares empezaron a despertar en la chica unos sentimientos que no debía sentir hacia un hermano, aunque no fuera de sangre. Sentía especial cariño por él y cualquier mención a otra chica despertaba celos en ella. Pensó que debía ser una etapa, ella no tenía a ningún chico que se fijara en ella, pero Mike si tenía chicas detrás de él, muchas, más guapas y atractivas que Ámber, novias buenas y novias malas, pero ninguna lo haría tan feliz como ella, pensaba Ámber. Intentó olvidarse de esas fantasias que empezaban a surgir incluso cuando se encontraban en el mismo baño si uno u otro terminaba su ducha diaria o él le daba un beso de buenas noches cuando estaban solos y él hacía de niñera. En un par de ocasiones se trajo a chicas y Ámber se moría de celos, subía a la habitación y lloraba hasta quedarse dormida. Luego, al despertar, se repetía que Mike era adulto y además, su hermano mayor, pero luego pensaba que no compartían sangre y qué hubiese ocurrido si se hubiesen conocido en otras circunstancias. Entonces pensaba que Mike nunca se fijaría en una chica como ella, bonita pero callada, atractiva pero que no llamaba la atención y se volvía cada vez más y más callada y trataba de distanciarse de su "hermano"

Una noche en la que Mike debía cuidar de Ámber estándo solos, volvió a casa tarde y lleno de golpes: se había peleado en la calle con un amigo del equipo de Boxeo porque la cercana presencia del muchacho a la novia del otro había provocado unos celos irracionales. Mike le ganó, pero acabó con los nudillos rotos y un ojo hinchado. Ámber no quiso imaginar cómo habría acabado el otro, pero no muy bien parado, sabía que Mike solo se había defendido, pero aquello podría acabar con él fuera del equipo, que empezaba a competir para entrar en las olimpiadas del año siguiente. Ámber le prometió guardar el secreto a sus padres y le curó las heridas, mientras le vendaba las manos no pudo evitar ponerse a llorar y le acarició los dedos, imaginando cómo sería pasar una vida con él. Mike no era un experto con las chicas, pero sintió las caricias, entendiendolas cómo eran. Cuando consiguió el valor necesario para preguntar, la muchacha salió de la habitación llorando desconsoladamente y Mike tardó largo tiempo en reunir coraje para ir a hablar con Ámber. La encontró en su habitación, con la puerta cerrada, la oía llorar desde el otro lado y trató de entablar una conversación, pero ella se negaba a abrir la boca y si lo hacía era para pedir que se fuera lejos. Él trató de explicarle que otros chicos se fijarían en ella, que no tuviera prisa, que ellos eran hermanos, que de otra manera se habría fijado en ella, pero eso solo hacía que Ámber se sintiese más triste, sabía que eso no ocurriría nunca y en ese momento solo había un hombre en su vida del que no podía olvidarse y que no la correspondía.

Un par de meses después, volvieron a quedarse a solas. Durante todo ese tiempo Ámber intentaba olvidarse de Mike y él intentaba que ella volviera a reir. Los tres primeros días la chica se encerró en su habitación, ya no disfrutaba de la presencia de Mike, él tuvo que hacer un verdadero esfuerzo por conseguir que saliera del cuarto y hablara con él. Aquello solo puso más tensa su relación, cualquier otro que no fuera Mike la habría tomado por una niña caprichosa que quería llamar la atención con estupideces como aquellas y precisamente así se sentía Ámber, una estúpida, viendo como un enamoramiento infantil y absurdo la volvía idiota. Mike le pidió que le contara sus sentimientos, quizás exteriorizándolos se daría cuenta de la idea equivocada que tenía. Pero no sirvió en absoluto. Mike fue entonces el confesor y reconoció que también se sentía atraído por ella, ninguna chica era tan cariñosa con él como era Ámber y que se había autoconvencido de que no podía enamorarse de su hermana pequeña, aquello era un crimen, un pecado. Un pecado que los dos acabaron cometiendo.

Ámber y su hermano mantuvieron una relación secreta, las veces que se quedaban solos aprovechaban para estar juntos, los encuentros furtivos en el gimnasio también se hicieron costumbre, besos furtivos, manos atrevidas y abrazos desnudos hasta el amanecer. Llevaban mucho cuidado, si cualquiera los descubría podría destrozarles la vida, pero no les importaba, se amaban y estaban juntos, eso solo bastaba para vivir. Durante un año, fueron amantes secretos y silenciosos, al principio Mike se sentía culpable por haber empezado algo que ninguno podría parar, era el adulto, el responsable. Pero cuando estaba con Ámber lo olvidaba todo y pronto ese sentimiento de culpa desapareció. Se amaban, nada más importaba.

Pero el amor deja rastros. Un rumor, una frase inocente dicha a un oído indiscreto acaba haciendo que todo salga a la luz. Sus padres descubrieron el pecado que sus dos hijos pequeños cometían y la relación incestuosa que mantenían. Ámber se sintió especialmente horrorizada por el descubrimiento, pero Mike salía en su defensa, culpándose a él de haberse aprovechado de su pequeña e inocente hermana. Sin embargo, la madre acusó a la hija de ser una aprovechada, había investigado su pasado y lo había perdonado, pero esto era intolerable. Se lo tomó tan mal, que le dijo que ya no merecía ser una Darling después de haber engañado a su inocente hijo con sus malas artes de mujer, con su angelical rostro bajo el que se escondía un demonio.

El padre había dado con el padre biológico de Ámber y la familia tomó la decisión de enviarla con él. La muchacha pensó en el suicidio varias veces, pero no tenía valor suficiente para llevarlo a cabo y solo tardó dos semanas en escaparse de casa de su padre cuando este dormía y hacer una última visita a Mike, para asegurarse de que él realmente no la quería y entonces morir tranquila, ya que nada en el mundo tendría sentido. El resultado fue el que esperaba, Mike le dijo que solo había satisfecho su morbo acostándose con su hermana menor y que después de todo, no la amaba. Ámber regresó a su nueva casa rápidamente, sin derramar una sola lágrima y utilizó las drogas que su padre vendía en secreto para suicidarse, sin pensarlo se tomó todo lo que encontró y acabó ingresando en el hospital a punto de morir de una sobredósis a los 17 años.

Pero Mike no pudo con la culpa, aunque también ayudó la insistencia de su madre porque fuera a ver a un psicólogo. Aquello solo consiguió que Mike se sintiera profundamente enamorado de Ámber y cuando se enteró de su sobredósis, aceptó la oferta de participar en un combate ilegal dónde las apuestas iban a su favor. Dado que ganó el combate, ganó también mucho dinero y cuando Ámber salió del hospital se la llevó de allí, viajando hasta España y alquiló un pequeño piso en Barcelona dónde los dos comenzaron a compartir su nueva vida.

Durante tres años vivieron juntos. Mike encontró trabajo como entrenador en un gimnasio y ella como dependienta. Con el dinero reunido, Mike le pagó a Ámber una carrera universitaria y ella entró en 1º de Enfermería y empezó a estudiar para conseguir un trabajo mejor y dejar de depender de Mike. Sus vidas fueron maravillosas hasta que Ámber llegó a 2º curso. El alquiler subió, el precio de la Universidad también, Mike perdió el trabajo por una acusación falsa de agresión y fue incapaz de decirselo a Ámber. Buscó una vía alternativa de ganar dinero y volvió a encontrarse con aquellos combates ilegales y apuestas elevadas. En uno de ellos se rompió los huesos de la mano, pero lo disimuló delante de su novia. Con el dinero del premio compró un anillo y le pidió matrimonio, ella aceptó y se casaron en privado con dos amigos del trabajo de cada uno como testigos en un juzgado. Tres meses después, la tragedia.

Ámber se enteró de que su esposo competía en combates ilegales, cuando iba a decirle que debía dejarlo, que buscarían otro trabajo, pero que no quería que se matase luchando, Mike recibió un golpe brutal que casi lo dejó muerto. Ámber se enteró al día siguiente y fue al hospital, para encontarse con que Mike había entrado en coma profundo. Los médicos eran optimistas, decían que tenía el 60% de recuperarse de la lesión y que despertaría en poco tiempo. Ámber pasaba las noches en el hospital a su lado, le hablaba y le traía regalos, cosas para que Mike despertarse. Los golpes del combate desaparecieron, pero él seguía durmiendo. Ella dejó la Universidad y se centró en el trabajo, mientras pagaba el seguro de su novio, esperando pacientemente al lado de su cama hasta que él abriese los ojos.

Pero de eso hace ya un año...

Nindra de Ranthar

Nombre: Nindra de Ranthar
Clase: Bardo

Sistema de Juego: D&D 3.5 (Reinos Olvidados)


Nindra llegó al mundo en las escaleras de una de las casas de placer más lujosas de Vasel, en el distrito comercial. Fue la primera puerta que encontró su madre, Nindra había venido prematura y no pudo llegar al templo en el que cuidarían de ella cuando naciese, así que dio a luz allí mismo, para después morir desangrada y sin que las mujeres de la casa pudieran hacer nada por ella.Tan solo tuvo tiempo de murmurar un nombre para su pequeña y rogar que velaran por su seguridad. La pequeña recién nacida presentaba un rasgo muy peculiar, tenía los ojos dorados, muy brillantes pero a la vez muy oscuros. De adulta sería una mujer hermosa de mirada exótica.
Unos días antes, una mujer de la casa llamada Fiona, había dado a luz a un niño, por lo que se encargó de la alimentación de la pequeña durante ese tiempo. Los dos crecieron juntos como compañeros de juegos hasta que a la edad de cinco años, Nindra se enteró de la muerte de su madre adoptiva, pasando entonces al cargo de Madame Fluriel junto con los hijos de esta, Brecca y Damara.

El destino de la joven ya estaba escrito desde su nacimiento, la casa del placer la convertiría en una pieza exótica de su extensa colección, una pieza única que podría ser explotada para bien de todos, por lo que a cargo de la Madame, la chica creció entre lujos, pero sin frivolidades, ayudando en pequeñas tareas en la casa, aprendiendo un poco de todo y cultivandose en diversos artes junto a los que consideraba sus hermanos, a pesar de no ser de la misma sangre.
Parte del entrenamiento era observar ciertas cosas tras las cortinas. Aunque a ella no se le permitía hacerlo y a sus hermanos sí, la curiosidad siempre vencía y sin darse cuenta, espiaba sin saber que aquello también formaba parte de su desarrollo como dama de compañía. Veía cosas que no terminaba de comprender, pero no podía preguntarlas porque en teoría, no las había visto, hasta que finalmente, empezó a contarlas en secreto a Brecca, quién intentaba explicarle lo que a él le habían explicado, compartiendo así un secreto. Ella aprendió por él todo lo que había visto, ganando experiencia teórica y empezando a asimilar que en la practica sería todo diferente, preguntándose también qué es lo que se sentiría. Unos años más tarde, oficialmente se le permitió espiar y escuchó por boca de su maestra, Madame Fluriel, todo lo que debía hacer, ampliando así sus conocimientos.

Una noche, Brecca entró en su habitación y desahogó lágrimas en sus brazos, parecía nervioso y asustado. Nindra lo consoló amorosamente, secando sus lágrimas con las manos, luego con los dedos y sin darse cuenta, con sus labios. Por su mente pasaron todas las imagenes que había visto, sabía cómo se debía hacer y sin embargo nunca lo había probado. Al primer beso le siguió otro, Brecca era hermoso, su boca sabía bien, sus manos tocaban con más ardor que ningún otro hombre que ella hubiese deseado y solamente saber que si incumplían la única y sagrada norma de la casa, nunca podrían volver a verse, evitó que hiciesen algo más que explorar, sin poder llegar a la entrada sagrada del templo.

Nindra era tan solo unos días menor que Brecca, cuando él cumplió los dieciséis años todos en la casa sabían que sería elegido como regalo para la Alta Sacerdotisa de Sharess, el mayor de los honores. Sin embargo, tras ser enviado al templo, Brecca no regresó a la casa al día siguiente como era de esperar. Los pocos chicos que habían estado con Laussiana siempre regresaban por la mañana sin recordar poco o nada de lo sucedido. Nindra se preocupó, quizás en exceso, pero estaba nerviosa, pocos días después ella también alcanzaría la edad adulta y dejaría de ser una niña para convertirse en una mujer. Por alguna razón no dejadaba de darle vueltas a la forma en que sería, en cómo podría poner en práctica todo lo aprendido y en que una vez fuese desflorada, podría acabar con Brecca lo que empezaron aquella noche. Pero desesperó cuando pasados los días, nadie sabía nada del chico. Podría haber muerto de camino a la casa, pero eso era imposible porque él era un muchacho fuerte. Apenas un par de días antes de su dieciséis cumpleaños una de las mujeres contó que había ido a orar al templo y que había visto a Brecca en buena forma y en la magnífica compañía de la Alta Sacerdotisa, por lo que dedujeron que el muchacho había sido elegido por la diosa para cuidar del templo. Nindra se entristeció, ya no podría verle ni hablar con él sobre las cosas que experimentarían y descubrirían, pero pronto se sobrepuso. Brecca había sido elegido por Sharess y aquello era un gran honor. Estaba feliz por él.

La belleza de la muchacha había sido evidente, nadie sabía quién era el padre de la chica, pero le había regalado los ojos más inusuales de toda Vasel. Eso fue lo que llamó la atención de Ranthar. Era el primer mago que pisaba la casa de Madame Fluriel, nunca antes habían recibido la visita de uno, los rumores sobre lo que necesitaban para su magia obligaba a casas tan selectas como aquella a evitarlos a toda costa. Sin embargo, el mago había buscado en todas partes y no había encontrado lo que necesitaba. La Madame ofreció al mago muchas de sus chicas, todas ellas experimentadas y con grandes conocimientos, pero Ranthar simplemente señaló a Nindra cuando la vio a pesar de que no tenía ninguna experiencia práctica. Pagó una suma de dinero que incluso a la Madame le pareció obscena, por lo que tuvo que sacrificar a su novicia.

Ranthar era un mago de edad indefinida, no parecía ser demasiado joven, tampoco demasiado mayor y sí lo suficientemente apuesto para que Nindra se sintiera afortunada. Lo que ella desconocía era que los magos eran tipos de gustos raros, un tanto excéntricos y peligrosos, así que se mostró tremendamente tranquila cuando los dos estuvieron a solas. Si él esperaba una muchacha torpe de pocas luces que se esforzase por complacerlo, se encontró con una joven de ojos singulares que lo observaban con curiosidad, estudiándolo detenidamente. Calculando y sopesando. Ranthar lo encontró divertido y le pidió que se pusiera en pie, con un simple movimiento de la mano chascó los dedos murmurando una letanía. Por alguna razón, Nindra sintió una extraña excitación al escuchar su voz, como una amenaza y el conjuro desencadenado le produjo un escalofrío. Ranthar movió la mano como si estuviese acariciandola y el vestido de la muchacha se deslizó por sus hombros, sus pechos y sus piernas hasta quedar tendido en el suelo. Miró a Ranthar, quién en ese momento le parecía el hombre más hermoso y deseable sobre la tierra y suspiró sin darse cuenta.

Recordó entonces que su trabajo era complacerle, pero él parecía disfrutar con la vista, otro movimiento de la mano y otro cántico mágico hicieron aparecer pequeñas esferas brillantes en la habitación. Nindra sintió unas extrañas vibraciones a su alrededor y se estremeció, excitada, rodeándose la cintura con los brazos, sintiendo como una extraña humedad venida de su propio interior se deslizaba por sus muslos, como cuando espiaba tras las cortinas. Ranthar se deleitó con la vista, las luces flotaron alrededor de la chica, cada roce de una esfera era otra oleada de magia que la sacudía haciéndole perder la cabeza. Era como una caricia pero más intensa, más profunda, más excitante cada vez, impulsandola a acariciarse ella misma con las manos. Ranthar se fue poniendo más cómodo a medida que las luces bailaban alrededor de una Nindra cada vez más excitada, haciendo que la iluminación en la propia habitación se volviese más tenue, más cálida, observando complacido como la jovencita inexperta recorría todo su cuerpo con los dedos. Una ráfaga de viento mágico sacudio la melena de Nindra, quién incapaz de sostenerse con sus propias piernas se derrumbó sobre la cama, a punto de perder la cabeza. Ranthar se aproximó a ella y apartó sus manos para ser él quién la acariciase. El simple contacto de la mano del hechicero sobre su vientre le provocó una descarga eléctrica y su cuerpo se estremeció de placer con un orgasmo corto y repentino. Ranthar no pudo evitar reir al ver la reacción de la muchacha y empezó a acariciarla lentamente, llevando los dedos hacia el interior de sus piernas para torturarla un poco más. Nindra se recuperó cuando las luces se disiparon y solo quedó la luz de las propias velas, sintiendo como dolían las caricias del hechicero, que retrasaban la llegada de un nuevo orgasmo. Las miradas de los dos se encontraron, Ranthar separó la mano de Nindra y ella subió sobre su cuerpo para alcanzar su boca y saborear su lengua.Ya no estaba jugando, ahora iba en serio y apretó su cuerpo al del mago para disfrutar de su contacto, piel ardiente sobre piel ardiente. Nindra dejó atrás la boca de Ranthar, guiada por un extraño impulso, besó su cuello, su pecho y se deslizó hacia abajo, hacia su sexo, para devorarlo con delicadeza y pasión a la vez. La fogosidad de la muchacha sorprendió gratamente al hechicero, la separó cuando vio que perdería el control y descargó un nuevo conjuro sobre su cuerpo, una pequeña corriente de electricidad que la aturdió el tiempo suficiente para que Ranthar le devolviese el favor saboreando su sexo sin que opusiera resistencia. Demasiado confusa por el placer, sumida en una especia de trance, Nindra sintió que su lengua dejaba de acariciarla y era sustituida por sus dedos para devolverla a la realidad, momento en que por fin, sintió el calor de un hombre abrasándola por dentro. No sintió dolor, como esperaba sentir, si lo sintió no pudo darse cuenta ni recordarlo, cada caricia de Ranthar era como una droga que la transportaba a otra realidad y cada movimiento de su cuerpo hacía más deseable el que nunca se detuviera, sus dientes y su boca jugaron con cada rincón de su cuerpo sin compasión. Se abrazó a Ranthar como la única soga que la mantenía con vida como estuviese a punto de caerse por un precipicio. Para cuando el mago descargó toda su pasión, Nindra ya había alcanzado varias veces el paraíso.

Tras aquella noche, Nindra se convirtió en la única mujer de la casa que sabía tratar con magos y cada tanto aparecía uno comprando sus servicios. Las emanaciones arcanas que los conjuros desprendían resultaban excitantes para ella y su mente creativa estaba a la altura de lo que ellos pedían. Cuando no había ningún mago, su clientela no variaba demasiado debido a su belleza y sus ojos como el oro líquido, detalle que atraía siempre a nobles que más tarde traían a sus hijos o a sus vástagos que no habían probado mujer. A Nindra le gustaban los torpes y vergonzosos, eran los más propensos a estallar de pasión como un volcán en erupción.

El cliente más habitual era Ranthar. Los juegos a los que sometía a Nindra debían ser distintos cada vez y el mago se encontró con que era todo un desafío estar a la altura de ella. Pasado el tiempo, de repente, el hechicero empezó a faltar a sus citas en la casa y Nindra ya no se divertía tanto como antes, incluso empezó a perder el interés en los demás clientes, cosa totalmente comprensible ya que ella no tenía motivación ninguna. Unos meses más tarde, Ranthar reapareció con una cantidad de dinero mucho más obscena que la primera vez que pagó por Nindra con la intención de comprarla para siempre.

Y así, Nindra de Ranthar fue marcada con una runa mágica en su espalda que la identificaba como propiedad del mago, dejando así la que había sido su casa durante años y marchándose a vivir a la enorme torre en la que Ranthar tenía su estudio. Por alguna razón, Nindra estaba en sintonía con él de forma que sus conjuros tenían un efecto mucho más devastador que con cualquier otra mujer. Además, le gustaba tener algo caliente todas las noches y Nindra había demostrado ser la mejor amante que había tenido.

No siempre Ranthar podía satisfacer las pocas necesidades que tuviese Nindra, ella era su esclava, pero le gustaba cuidarla y darle lo que necesitaba, así que cuando ella lo deseaba, le daba la libertad que quería, pudiendo satisfacer sus deseos libremente en el templo de Sharess. La muchacha conocía las condiciones y estaba lo suficientemente satisfecha de su vida exquisita con Ranthar como para tratar de engañarlo o escapar de él, por lo que sabía las limitaciones y disfrutaba plenamente de todo lo que él le ofrecía.

Un año después, Ranthar decidió llevarla al templo de Sharess en el cual ofrecía un generoso donativo a cambio de un ritual bendecido por la diosa. El trato era el mismo de todos los años, Ranthar hablaba con Laussiana, quién le ofrecía sacerdotes para la ceremonia y todos los siervos que necesitase para el ritual. Nindra era libre de elegir qué hacer durante la ceremonia, pero Ranthar estaría demasiado ocupado concentrándose en el ritual y no podría estar con ella, por lo que se paseó entre los presentes buscando algo que llamase su atención. Uno de los sacerdotes del templo se le acercó, llevaba una máscara, pero al llegar ante ella la retiró, dejando ver de quién se trataba. Brecca se había convertido en un todo un hombre para asombro de Nindra, su cuerpo bien formado lleno de músculos, sus manos fuertes y su rostro noble, entendió porque la Alta Sacerdotisa lo había elegido como favorito. Mientras el resto de los presentes se retorcían en movimientos extraños, suspirando aletargados por el trance al que estaban sometidos, las protecciones mágicas y divinas de las que estaban imbuidos les permitió tener la oportunidad de acabar lo que años atrás comenzó con un juego, consumando por fin lo que antes no pudo llegar a ser debido a las restricciones de la casa, disfrutando de las mismas caricias y besos y traspasando por fin el límite antes impuesto.

Ahora, un año después, Nindra espera poder volver al templo de Sharess para estar con Brecca y disfrutar de su cuerpo una vez más.