Nadie sabe muy bien como Jarvinnia llegó a formar parte del selectro grupo de personas de confianza del Barón, pero a su llegada los rumores sobre algún trato de favor a su persona por ser una chica bonita no dejaron de aumentar. Era como un secreto a voces, lo que todos sospechaban era que de algún modo, Jarvinnia había encandilado al Barón y a cambio de algún que otro favor en la cama, este la había situado en una posición elevada dentro de la corte. Ella, sin embargo, ni desmentía ni afirmaba, lo que hacía crecer las sospechas, las envidias y el recelo.
No fue fácil de alcanzar su lugar. Para empezar, cuando ascendió, ni siquiera tuvo que tratar de esa manera tan personal con el Barón que todos pensaban. De niña había crecido junto a la Compañía Miklagaard, una caravana de teatro ambulante que iba de aquí para allá. Ella había sido abandonada y el dueño de la compañía la había acogido como una hija, dándole como nombre Ingra. Aprendió todo lo que debía aprender y pronto se descubrió en ella un talento especial para la danza. Su padre decidió entonces que allí, con la Compañía, no podría hacer evolucionar su arte, así que le dio los ahorros que había estado guardando para ella y la dejó marchar. Aunque Ingra se tomó su tiempo, no estaba segura de querer abandonar la vida fácil de la Compañía.
Pronto descubrió que el camino por el que ella había viajado toda su vida era el recto y el camino que acababa de tomar estaba torcido. No le gustaba la gente, no le gustaban los lugares que visitaba... lo único que le gustaba era viajar y conocer historias, así que siempre que podía, pedía a cambio de un buen baile, una buena historia.
Hasta que al final pasó lo que tenía que pasar. A Ingra le robaron el dinero durante una de sus actuaciones callejeras y cuando quiso ir a recuperarlo, los ladrones pidieron un baile personalizado para cada uno. Cuando la muchacha ya se temía lo peor, como si de la mejor historia fantástica se tratase, un apuesto espadachín se deshizo de los maleantes y salvó el honor de Ingra. Se llamaba Sigurd y este le explicó que la había visto más de una vez en sus viajes y siempre había querido conocerla, pero nunca había tenido tiempo sufiente, porque ella se marchaba enseguida a una nueva ciudad.
Como era de esperar, Ingra y Sigurd de convirtieron en amantes y la vida pareció maravillosa cuando se casaron. Al menos el primer año Ingra fue feliz, ya que de pronto, Sigurd dejó de ser un honrado mercader para convertirse en un caótico anarquista. Igual de rápido que surgió el amor entre ellos dos, se enfrió. Ambos habían comprado una casita en un pueblecito cerca de capital, y esta se convirtió en sede de extrañas reuniones que Sigurd mantenía con las amistades que había ido haciendo a lo largo de sus años, antes de conocer a Ingra. Sigurd no la hacía partícipe de sus maquinaciones (o lo que fuese que estuviese haciendo) y eso molestó muchísimo a Ingra, que no pensaba acabar siendo la esclava de Sigurd para satisfacer todas sus necesidades cuando él quisiera.
Así que seguramente por ese motivo, Sigurd encontró a otra. Y a otra, y a otra y a varias... Ingra se enteró de la peor forma de que Sigurd la estaba engañando con más de una mujer, pero a su favor, Sigurd no supo jamás que Ingra sí que lo sabía. Así que la muchacha, totalmente decidida a darle su merecio a Sigurd por todos los años amargos que pasaría a partir de ese momento, se fue acercando a su marido lo suficiente para que este le contara algo de sus pretensiones. Ingra cambió despacio, para no levantar sospechas, y durante tres meses estuvo maquinando hasta que por fin, Sigurd le contó sus planes.
Tan simple como asesinar al Barón. Los motivos no le importaron en absoluto, una vez Ingra estuvo segura del plan y de sus intenciones, sintiéndose tremendamente culpable pero decidida a vengarse de Sigurd, se acercó hasta la baronía y lo confesó todo, hasta el más mínimo detalle. Se convirtió en una chivata y eso todavía pesa en su conciencia, pero lo hizo por su propio honor.
Había traicionado la lealtad de quienes habían confiado en ella, así que supuso que después de aquello ya nadie confiaria en ella. Su vida podría haber acabado mejor si aquellos ladrones la hubiesen matado. Sumida en una profunda tristeza, Ingra ni siquiera se planteó huir por si alguno de los compañeros de Sigurd quería vengarse de ella por haberlo contado todo. Pero hubo un giro inesperado en ese camino tan torcido por el que había transitado los dos últimos años.
Contrajo una deuda con el Barón. Evidentemente, no iba a ganarse su confianza solamente con una confesión, así que el Barón empezó a encomendarle tareas especiales. A cambio de estos trabajos, los implicados en el atentado contra la Baronía nunca sabrían quién dio el chivatazo y a ojos de todos los demás, Ingra había muerto junto con Sigurd y sus cómplices. Ahora ella era Jarvinnia de Miklagaard, una agente especial del Barón.
Sus trabajos fueron muy simples al principio, solamente debía enterarse de los rumores más frescos de la ciudad. Con su nueva identidad y su talento para el engaño, Jarvinnia iba descubriendo noticias, todas sumamente trascendentales a pesar de lo simples que pudieran parecer al principio, y de esa forma, el Barón siempre estaba enterado de como el pueblo veía a su líder y que era lo que necesitaban de él. Jarvinnia fue ascendiendo posiciones gracias a su información y a las mejoras que proponía para la ciudadanía. De esa forma, acabó también influyendo en la gente, convenciendo a los escépticos y ganándose el favor de los más recelosos, deshaciéndose de posibles enemigos con suma discreción.
De ahí que comenzasen a surgir rumores sobre el trato especial que el Barón le daba a Jarvinnia. Ella había aparecido de la nada y ahora formaba parte del selectro grupo de personas de confianza del Barón, un puesto que muchos codiciaban, pero sabiendo cómo se las gastaba Jarvinnia debido a su potente carácter (y lo peligrosa que resultaba cuando quería conseguir algo) esos rumores no pasaron de ser puras difamaciones de envidiosos.
26/10/09
Jarvinnia de Miklagaard
escrito por Avhin 1 cosas que decir
Etiquetas: Personajes
14/10/09
Gabriela Cervalta
¿Cual es su historia?
“La muerte es parte de la vida. No es un final, sino un comienzo”
Gabriela y Lucrecia son hermanas gemelas, y sin embargo, no tienen nada en común salvo el color del pelo, el color de los ojos y una palidez antinatural. En Lucrecia se debe a su condición vampírica. En Gabriela se debe a años de duro trabajo y tener a la muerte como única compañía en esta vida. Antes tenían muchas más cosas en común. Una familia, un hogar, un mismo destino. Perseguirían a la muerte y la muerte las perseguiría a ellas, aunque de maneras distintas.
El destino juega bromas crueles, desde el mismo momento de su concecpción fuero marcadas con el sino de la separación. Su madre murió cuando nacieron, su padre se suicidió y ellas fueron criadas juntas, creciendo bajo el signo de Kélemvor. A él dedicaron su vida, aprendieron a amarse como hermanas, como amigas, lo único que tenían en esta vida era a su dios y a ellas mismas. Cuando más se necesitaban, el filo cayó sobre ellas.
Fueron entrenadas desde jóvenes en la lucha contra las criaturas no muertas. Eran autodidactas y aprendía muy deprisa, y una infancia que debía ser tranquila y apacible estuvo llena de profundas desdichas y grandes responsabilidades. Con doce años comenzaron a visitar los campos de batalla para ayudar a los caídos en el tránsito, con trece oficiaron ceremonias y entierros, con catorce empezaron a combatir a los no muertos y a destruirlos. A los dieciséis años, sus misiones se volvieron arriesgadas y peligrosas, pues no solamente luchaban contra criaturas que se levantaban de sus tumbas, sino con criaturas que vivían eternamente en el lado de la oscuridad.
Lucrecia cayó víctima de un vampiro, que en vez de matarla, la convirtió en lo que más odiaba: un ser muerto. Lucrecia sintió que Kélemvor la había abandonado, que su hermana Gabriela siempre había sido la favorita a pesar de que sus esfuerzos habían sido siempre los mismos, que había elegido a su hermana y no a ambas como había sido siempre.
Ese fue el momento de la separación. Lucrecia guardó un profundo rencor a Kélemvor y a su hermana; Gabriela sintió que acababa de quedarse completamente sola, que su hermana había muerto y que no alcanzaría el descanso eterno hasta haber sido destruida. Debía reunirse con Kélemvor al otro lado, de una forma u otra, Lucrecia no podía seguir viviendo porque se había convertido en aquello que su dios más odiaba. Y Gabriela no deseaba que Kélemvor la odiase, su hermana se había esforzado tanto como ella, había luchado y había perdido lo mismo que ella. Gabriela era incapaz de odiar a su hermana y precisamente por el amor que sentía por ella necesitaba acabar con su sufrimiento. Lucrecia, como sierva de Kélemvor que había sido, debía entenderlo.
¿Cómo piensa?
Gabriela dedicó su vida a la búsqueda de su hermana para darle descanso eterno. Tuvieron numerosos encuentros, Gabriela descubrió que Lucrecia servía ahora a Velsharon, el dios de los muertos vivientes y que la despreciaba por seguir al lado del traidor de Kélemvor. En ninguna de las ocasiones logró dar muerte a su hermana. Ella siempre lograba escapar junto a su Sire, el vampiro Nergull, al que ahora juraba lealtad. Así, con el paso de los años, Gabriela se ha sumido en una profunda depresión a causa de la horrible situación de su hermana.
Su constante dedicación al exterminio de criaturas no muertas y sus continuas experiencias cercanas a la muerte han hecho que esta depresión se agrave. El único sentido que le encuentra a su vida es servir a Kélemvor y siente que ha perdido mucho para llegar a dónde estaba. Continuamente se plantea un cambio de vida, pero se ha dado cuenta de que no tiene a nadie en quién apoyarse y que está completamente sola en el mundo. Acepta que Kélemvor sea el único que puede ayudarle, pero en lo más hondo de su corazón desea algo más y siente que nunca llegará a conseguirlo debido a su condición de sacerdotisa fúnebre.
Es silenciosa y no habla a menos que haya algo importante que decir. De respuestas cortas y lacónicas, un tanto sombría. Jamás se la ha visto sonreír después de que su hermana se marchase y cuando se hace alguna mención al tema ella simplemente se muestra indiferente y responde que no tiene importancia, su hermana ya está muerta.
No es de temperamento agresivo, es tranquila y apacible, empática con la gente que ha perdido un ser querido, siente envidia y celos de las personas felices y reprime estos sentimientos para evitar hacerse daño, auto convenciéndose de que la felicidad no le aportará ningún beneficio.
No tiene miedo a la muerte pero no tiene todas las respuestas, y aún así, se siente en paz.
¿Aspecto físico?
Lo que más llama la atención es que su aspecto es delgada y su piel extremadamente pálida. Su mirada está un poco perdida y es fácil que su mente se encuentre en otra parte. Cuando se mueve da la sensación de estar flotando y su apariencia es más parecida a la de un fantasma que a la de un humano. Se debe a su continua desgana, pasa los días en la habitación del monasterio cuando descansa entre cacería y cacería y cuando sale procura viajar de noche porque sabe que es el momento en el cual los muertos deciden acechar.
escrito por Avhin 1 cosas que decir
Etiquetas: Personajes
30/09/09
Contaminación acústica
En clases de electroacústica (gracias al señor que la aprobé en junio...) siempre se hablaba de la contaminación acústica. *El término contaminación acústica es el ruido (sonido excesivo y molesto) provocado por las actividades humanas (tráfico, industrias, locales de ocio, aviones, etc...) que produce efectos negativos sobre la salud auditiva, física y mental de las personas.
Cuando hablamos de Contaminación Acústica nos viene a la cabeza esos barrios y casa situados sobre discotecas y pubs que no cierran hasta las tantas de la mañana y ponen la música todo lo que da el altavoz de sí. O esas pobre personas que sin venir a cuento les han instalado un aeropuerto justo al lado y los aviones pasan a todas horas. O aquellos que han tenido la suerte de contar con una magnifica fábrica que hace unos ruidos de espanto. Por no hablar de los atascos matutinos, los coches, las motos que se quitan los silenciadores para hacer la gracia de "mi moto suena más que la tuya" y un gran etc...
Hoy quiero hablar de otro tipo de contaminación acústica. Quiero hablar de los autobuses. Y no, no me refiero al ruido que hacen los vehículos por carretera. Me refiero al sufrimiento diario del interior de los autobuses.
Hay un millón de factores externos a nosotros. El principal factor de contaminación acústica de un autobus es su conductor. Del conductor dependerá que pases un viaje tranquilo o arañes el vidrio de la ventanilla para intentar escapar. No es lo mismo escuchar una cadena local que una nacional. Vale, lo reconoces, estás hasta el moño de escuchar las mismas canciones de los 40 principales. Pero creedme cuando digo que las deseais más que a nada en el mundo cuando el conductor pone una emisora municipal. O un disco de lo que a él le guste. Como tus gustos y sus gustos no coincidan o sean totalmente opuestos, desearás escuchar los 40 principales.
El segundo factor más importante en un autobus son sus pasajeros. Existen diversos especimenes, los más peligrosos son aquellos a los que les gusta escucharse. Están aquellos que hablan y charlan tranquilamente, pero luego están aquellos que charlan por charlar. Durante tu viaje de ida o vuelta escuchas como detrás tuyo le taladran la cabeza al compañero, pero por extensión, se la taladran a los de alrededor. Pero claro, no puedes darte la vuelta y decirle que se calle, porque entonces coartas su libertad de expresión. ¿Y qué hay de mi salud mental? ¿Eso no importa? También están aquellos que hablan con los de al lado, los de delante, los de atrás y los del fondo del autobús. ¿Por qué no esperas a bajarte para hablar o te tomas un café y nos dejás a los demás en paz?
El tercer factor de riesgo son los teléfonos móviles. La gente descuelga y se pone a hablar como si no hubiese un mañana. Hablan, hablan, hablan y hablan y tú te enteras de toda la conversación que ya eres como de la familia. También están los que van en grupo y chillan al que tienen delante si les parece bien que tal o cual se apunten a la super chupi guay fiesta del sábado que van a organizar. Para eso que pongan un cartel...
Por último y no menos importante, los mp3. Se supone que la música es para que TÚ la escuches, no los demás. El volumen se puede regular para que escuches bien sin romperte los tímpanos, pero si yo puedo entender la letra en inglés de lo que estás escuchando tu debes estar sangrando ya por las orejas de lo alto que lo tienes.
escrito por Avhin 1 cosas que decir
Etiquetas: Tonterías
